La mañana de cualquier persona puede ser una mañana plástica. Levantarse y beber zumo de una botella de plástico, mandar un correo electrónico escribiendo en un teclado plástico, ducharse con el agua que llega a nuestras casas a través de tuberías plásticas, salir de la ducha y no pasar frío gracias al aislante plástico que protege nuestras paredes, ir por la calle en bici y ¡oh!, comprobar que los carriles por los que circulamos están separados por raíles plásticos. Llamar a un amigo para contarle que casi todos los objetos con los que interactuamos en nuestra vida cotidiana son de plástico. Darte cuenta al momento de que tu móvil, o al menos la funda, es también de ese material.

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Usamos 20 veces más plástico de lo que lo hacíamos hace 50 años, un producto que juega un papel omnipresente en nuestro día a día. Por ello, por sus múltiples aplicaciones y utilidades, «los plásticos no deben desaprovecharse nunca en el vertedero», opina Beatriz Meunier, de PlasticsEurope, asociación que agrupa a distintos fabricantes del sector, “ya que son muy eficientes en el uso y ahorro de recursos, y cuando se convierten en residuos siguen teniendo un gran valor”.

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